sábado, 16 de mayo de 2009

Si te arreglas tanto pareces un diamante de gould

La hora de la cita se acercaba. Tenía que tenerlo todo listo. Con cuidado y esmero aplaste mi bisoñé, pulí mis cejas, limé mis uñas, cercené mis impurezas, depilé mis hectáreas de sotobosque y por supuesto disfruté de mis encantos. Era un cowboy que comía medias noches. Siempre he deseado ser un deseo para alguien. Embadurné mi faz con colonia y vestí mi percha con elegancia. El poder ser querído me seducía más que el llegar a ser amado. Estaba nervioso, impaciente, voraz y salvaje. Necesitaba ver, comprobar y probar. En la variedad esta el gusto y sin ella esta el tacto. Me encontraba precioso. Tan guapete que el espejo me dijo: Al final, si te arreglas tanto pareces un diamante de gould.

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